Rafael Robaina, Profesor Titular del Departamento de Biología de la ULPGC y ex Director de la Coordinación Acceso de la Universidad y Representante de la ULPGC en la Comisión Coordinadora del Distrito Universitario de Canarias (1998-2003).
En el mes de febrero de 2003 organizamos en la ULPGC las primeras Jornadas de Reflexión y Debate sobre las Pruebas de Acceso la Universidad, en las que autoridades educativas, inspectores, profesores de bachillerato y universidad discutimos sobre la pertinencia y forma que debían adoptar las mismas 1. Por aquel entonces, los cambios legislativos en la enseñanza secundaria obligaban a replantear el acceso a la Universidad, ya que la nueva Ley de Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) contemplaba la necesidad de superar un examen de grado, la Prueba General de Bachillerato -a modo de antigua reválida-, con el que los estudiantes obtendrían el título de bachiller. El planteamiento de ésta en términos de prueba de conocimientos homologada, de carácter externo a los centros de procedencia de los estudiantes y al final del Bachillerato, es decir, en el tiempo y la forma en los que las universidades venimos realizando nuestras pruebas de acceso, creó la conciencia en muchos de nosotros de que le había llegado el fin a las pruebas de acceso; llegó el final de la selectividad, nombre que refleja su papel original y de verdadero arraigo social.
En el momento de redactar este escrito, el “nuevo sistema LOCE” en lo que a estos aspectos se refiere está en suspenso y su puesta en marcha diferida. Sin embargo, se habla de que precisamente el examen de grado al final del bachillerato, o algo similar que salve las diferencias ideológicas entre los proponentes, cuenta también con el beneplácito de los nuevos gobernantes, ya que, según parece, se presentará un proyecto de prueba ambivalente de grado y acceso – una prueba única (¿?) publica la prensa en estos días-. Este tipo de prueba de grado ya existió en España y existe en muchos países de nuestro entorno, y, lo que es más importante, es visto con buenos ojos por el profesorado interesado y por las autoridades académicas de ese entorno académico que, legítimamente, exigen más esfuerzo o un esfuerzo más de sus estudiantes -obsérvese que la prueba de grado introduce algunos elementos correctores en el sistema, como son la recuperación en las aulas de los objetivos formativos amplios del Bachillerato, y que éste deje de ser un mero entrenamiento en contenidos mínimos para la superación de la Prueba de Acceso a la Universidad- En definitiva, parece que todos, universitarios y no universitarios, creemos conveniente la existencia de un prueba al final del bachillerato.
Ante lo que nuestra Ley Orgánica de Universidades reconoce como derecho a establecer procedimientos de admisión (Art. 42), reconozcamos que la Universidad en general y la ULPGC en particular no tienen problemas para acoger en sus titulaciones a la mayor parte de la demanda estudiantil. Entonces, ¿Para qué necesitamos un enorme sistema selectivo? ¿Para qué vamos a duplicar los costes con la organización de nuestras propias pruebas? Tampoco creo que sea necesario un examen específico para el acceso a las pocas titulaciones que, por un desequilibrio corregible de oferta y demanda, requieren de un criterio de selección; al menos no en la forma en la que este tema se ha planteado en alguna ocasión, ya que representa un desajuste absoluto entre la formación adquirible en el nivel secundario y los contenidos tan específicos que se proponen para los ejercicios selectivos. Por todo lo expuesto y en el estado actual de las cosas, creo que lo que debe hacer la Universidad es participar activamente en las nuevas propuestas; para empezar, proponiendo que se recojan en la prueba de bachillerato aquellos aspectos de nuestro sistema que han sido optimizados a lo largo de la evolución de la selectividad: el anonimato, la homogeneidad en el trato a los estudiantes y la coordinación del profesorado de secundaria y universidad, característica esta última que subrayo especialmente. De resto, todo se andará.
1 Libro de las Jornadas disponible en el Servicio de Publicaciones de la ULPGC