Manuel Wood Wood
Profesor titular y Coordinador de la Comisión de Inglés PAU
Vaya por delante nuestro reconocimiento a la labor docente en el área de
lengua inglesa ya que, sin duda alguna, en los últimos años se viene
apreciando una mejora notable del nivel de conocimientos de inglés que los
alumnos muestran en las pruebas de acceso a la universidad. En la misma línea,
por el número de cursos y actividades impartidas y por el interés que muestra,
el colectivo de profesores de lengua extranjera es, probablemente, el más
activo y preocupado por su nivel de preparación.
No obstante, existen ciertas deficiencias que, en nuestra opinión, devalúan el
esfuerzo de muchos y frenan el avance de las mejoras que se persiguen. Estas
deficiencias hacen que el nivel de inglés de los alumnos que llegan a la
universidad sea mucho más pobre de lo que sería deseable. El excesivo número
de alumnos por aula, el hecho de que las pruebas sean generalmente en lengua
escrita, el que la PAU se haya convertido en el principal condicionante de la
enseñanza y del curriculum y, sobre todo, la desconfianza de un sector del
profesorado sobre la calidad de su nivel para la enseñanza oral del inglés,
con la consiguiente entrega al método de enseñanza basado en la gramática y la
traducción, contribuyen a que los alumnos no ofrezcan un nivel de lengua oral
adecuado después de tantos años de enseñanza. Muchos alumnos se quejan de
haber gozado de escasas oportunidades para practicar la lengua libremente en
el aula y de haber recibido una monótona enseñanza gramatical que empieza en
el presente simple y repite los mismos temas año tras año independientemente
del curso estudiado. Por el contrario, en líneas generales, sus conocimientos
sobre la lengua y su capacidad de hacerse entender por escrito son bastante
aceptables.
Como consecuencia de lo anterior, la interlengua de los alumnos está
excesivamente ‘españolizada’: se emplean términos y estructuras de origen
netamente latino, la pronunciación no parece lo suficientemente cuidada y las
expresiones no surgen espontáneamente sino que siempre nacen en lengua
española y se traspasan automáticamente al inglés. Evidentemente, estas
circunstancias denotan que la lengua se ha empleado más como un materia de
estudio que como un instrumento de comunicación.
Las innovaciones que la PGB trae consigo en lo que se refiere a lenguas
extranjeras deben suponer un punto de inflexión en la enseñanza del inglés en
nuestra comunidad. Proponemos la determinación clara de un nivel de
competencias, especialmente de la oral, en cada etapa educativa, con su
consiguiente prueba final. Esto lleva consigo la puesta en práctica de
actividades interactivas en las que el alumno esté en contacto con la lengua
real, bien con su profesor o lector, los materiales audiovisuales adecuados o
con sus propios compañeros.
En resumen, nuestra propuesta supone un giro en lo que respecta a la formación
del profesorado y del alumnado tanto en su vertiente lingüística como
didáctica. Por supuesto, si el nivel de estas competencias no es el adecuado
en ciertos sectores del profesorado, será responsabilidad de la Administración
ofertar programas de formación y serias campañas de concienciación antes de
proceder a los cambios. Dentro de estas campañas estarían, sin duda alguna,
aquellas que propicien un modelo de enseñanza interactivo al tiempo que
aporten al profesorado la idea de que el inglés que podamos enseñar en nuestro
país, como sucede en cualquier otro, expresará nuestra identidad nacional
morfo-sintáctica, fonética e ideológicamente y, por tanto, no se trata de un
inglés perfecto sino una lengua que nos permita interactuar con otros
hablantes, nativos y no nativos, conservando cada uno su identidad y logrando
una comunicación efectiva.