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Nº4
Noviembre 2003
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
El (des) conocimiento del Inglés

Manuel Wood Wood Profesor titular y Coordinador de la Comisión de Inglés PAU

Vaya por delante nuestro reconocimiento a la labor docente en el área de lengua inglesa ya que, sin duda alguna, en los últimos años se viene apreciando una mejora notable del nivel de conocimientos de inglés que los alumnos muestran en las pruebas de acceso a la universidad. En la misma línea, por el número de cursos y actividades impartidas y por el interés que muestra, el colectivo de profesores de lengua extranjera es, probablemente, el más activo y preocupado por su nivel de preparación.

No obstante, existen ciertas deficiencias que, en nuestra opinión, devalúan el esfuerzo de muchos y frenan el avance de las mejoras que se persiguen. Estas deficiencias hacen que el nivel de inglés de los alumnos que llegan a la universidad sea mucho más pobre de lo que sería deseable. El excesivo número de alumnos por aula, el hecho de que las pruebas sean generalmente en lengua escrita, el que la PAU se haya convertido en el principal condicionante de la enseñanza y del curriculum y, sobre todo, la desconfianza de un sector del profesorado sobre la calidad de su nivel para la enseñanza oral del inglés, con la consiguiente entrega al método de enseñanza basado en la gramática y la traducción, contribuyen a que los alumnos no ofrezcan un nivel de lengua oral adecuado después de tantos años de enseñanza. Muchos alumnos se quejan de haber gozado de escasas oportunidades para practicar la lengua libremente en el aula y de haber recibido una monótona enseñanza gramatical que empieza en el presente simple y repite los mismos temas año tras año independientemente del curso estudiado. Por el contrario, en líneas generales, sus conocimientos sobre la lengua y su capacidad de hacerse entender por escrito son bastante aceptables.

Como consecuencia de lo anterior, la interlengua de los alumnos está excesivamente ‘españolizada’: se emplean términos y estructuras de origen netamente latino, la pronunciación no parece lo suficientemente cuidada y las expresiones no surgen espontáneamente sino que siempre nacen en lengua española y se traspasan automáticamente al inglés. Evidentemente, estas circunstancias denotan que la lengua se ha empleado más como un materia de estudio que como un instrumento de comunicación. Las innovaciones que la PGB trae consigo en lo que se refiere a lenguas extranjeras deben suponer un punto de inflexión en la enseñanza del inglés en nuestra comunidad. Proponemos la determinación clara de un nivel de competencias, especialmente de la oral, en cada etapa educativa, con su consiguiente prueba final. Esto lleva consigo la puesta en práctica de actividades interactivas en las que el alumno esté en contacto con la lengua real, bien con su profesor o lector, los materiales audiovisuales adecuados o con sus propios compañeros.

En resumen, nuestra propuesta supone un giro en lo que respecta a la formación del profesorado y del alumnado tanto en su vertiente lingüística como didáctica. Por supuesto, si el nivel de estas competencias no es el adecuado en ciertos sectores del profesorado, será responsabilidad de la Administración ofertar programas de formación y serias campañas de concienciación antes de proceder a los cambios. Dentro de estas campañas estarían, sin duda alguna, aquellas que propicien un modelo de enseñanza interactivo al tiempo que aporten al profesorado la idea de que el inglés que podamos enseñar en nuestro país, como sucede en cualquier otro, expresará nuestra identidad nacional morfo-sintáctica, fonética e ideológicamente y, por tanto, no se trata de un inglés perfecto sino una lengua que nos permita interactuar con otros hablantes, nativos y no nativos, conservando cada uno su identidad y logrando una comunicación efectiva.

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