María Seruyá Moreno,Facultad de Geografía e Historia, ULPGC
La Historia de Género se ha constituido, desde la década de los 70, en una línea de investigación esencial para el estudio y la comprensión de la sociedad española. Desde entonces se ha profundizado en múltiples aspectos como la familia y la cotidianeidad, el papel de la mujer y la represión sexual. Sin embargo es angosto el camino, pues queda aún una ingente temática a tratar, más concretamente en el Archipiélago canario. Ciertamente en los últimos años se ha comenzado a desentrañar parte del “misterio” que envuelve el ámbito femenino, generado en ocasiones por la falta de un conocimiento más profundo de la Historia de la Mujer. Es necesario por tanto continuar esta andadura para alcanzar una visión completa del entorno social. En este contexto podemos situar esta breve exposición: Mujer y violencia, un universo análogo. Nos centraremos para ello en los siglos XVI y XVII.
¿Qué entendemos por violencia? ¿cuál es su alcance? ¿nos referimos únicamente a la violencia física o existen otros ámbitos que la caracterizan? Son múltiples los interrogantes que podríamos formular. En principio distinguimos entre el dolor físico y el dolor moral, por tanto la opresión, la humillación, la reclusión, el abandono, la marginalidad… son todos aspectos que revelan una clara manifestación violenta hacia la persona. En la Historia la mujer ha formado parte de este universo, siendo normalmente el sujeto pasivo de estas situaciones. Diversas son las modalidades que expresan esta violencia hacia las mujeres, enmarcándose en los delitos contra la familia y la honestidad: violaciones de niñas y jóvenes, violencia contra mujeres casadas relacionada ésta con el adulterio y los malos tratos infringidos en el seno familiar.
Durante el Antiguo Régimen el honor y la virginidad conformarán dos principios ideales arraigados en la sociedad. Se exigía su protección y celoso cuidado; la mujer estaba en definitiva en el “punto de mira”; su buena fama debía ser transparente, nada podía corromperla. De ahí que se tratase por todos los medios de ocultar cualquier relación ilícita o cualquier atentado contra su virginidad, complemento principal de la aportación dotal para acceder a la vida matrimonial. La mujer ultrajada, por lo general, evitaba la denuncia contra el agresor pues temía que su nombre fuese desacreditado; la vergüenza invadía así todo su ser y se extendía a su propia familia, procurando ésta incluso llegar a un acuerdo económico con el agresor. Dentro del orden social establecido son las mujeres de clase media y baja las que estarán expuestas en gran medida a este tipo de agresiones. En este sentido podemos afirmar que entre las razones más habituales para llegar al mundo de la prostitución hallamos la pobreza y la violencia masculina, dada la miseria e indefensión que caracterizaba a las mujeres. Ante una denuncia se desarrollará el consiguiente proceso judicial teniendo que demostrar la mujer la existencia de la agresión, que en muchos casos se complicaba.
Las penas más usuales eran la contraprestación económica a modo de indemnización, el casamiento o la pena de muerte, si bien ésta última rara vez se daba, siendo sustituida por azotes, cárcel o sanción económica. Asimismo es frecuente que exista una relación entre la víctima y el agresor, tratándose de personas allegadas a la familia: amigos, vecinos... La violación puede originar un proceso violento de venganza por parte de la familia dañada o por parte de amigos del agresor, que podría ser víctima de un malintencionado engaño. Halla o no sentencia, la víctima será culpable ante la sociedad pues su virginidad ha sido mancillada.
Con respecto a la violencia causada por el adulterio de mujeres casadas, nos referimos a maridos que emplean la fuerza para subsanar su honor: agresiones, lesiones y homicidios son la tónica general. En ocasiones el marido engañado perdona a su mujer volviendo así a la vida maridable. Los malos tratos, por último, son una constante durante el periodo mencionado, contextualizado esto en una sociedad patriarcal donde el hombre impone su autoridad. A partir de las fuentes que nos aportan la Historia y la Literatura apreciamos una visión sobre la mujer y su entorno social viendo reflejado lo que anteriormente comentábamos. Por tanto el estudio de las mentalidades requiere un análisis interdisciplinar que nos permita aproximarnos a la realidad.
En conclusión podemos decir que esta temática sobre la violencia femenina era propia de la sociedad antiguorregimental, sin embargo: ¿hasta qué punto es una característica propia de la etapa moderna? ¿cuál es su proyección en la actualidad? ¿podemos establecer similitudes entre la realidad pasada y la presente realidad? No obstante, no queremos limitarnos a este punto pues ¿no podríamos hablar de violencia ejercida por la mujer? ¿qué podemos decir de las prácticas hechiceriles y de la delincuencia femeninas? Sería éste otro aspecto a tratar.