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Nº2
Septiembre 2003
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
La violencia de género

María Asunción González de Chávez Fernández, Profesora Titular de Psicología Médica Facultad de Ciencias de la Salud

La llamada violencia de género representa la punta de iceberg de la violencia simbólica y estructural que ha caracterizado la relación entre los hombres y las mujeres en todas las sociedades.

Hablamos de violencia simbólica en la medida en que se ha connotado como valioso y superior todo lo relacionado/autoadjudicado por el varón, mientras se devaluaba y consideraba inferior todo lo atribuido/connotado como “femenino”.

Y hablamos de violencia estructural porque ha existido una generalizada detentación del poder por parte de los hombres en todos los ámbitos de la sociedad, lo que ha conllevado la subordinación/exclusión política, social y económica de las mujeres a lo largo de la historia y su reclusión/sumisión en el ámbito doméstico.

Esta peculiar y desigual conformación de la relación entre los sexos ha quedado sustentada gracias a una estructuración psíquica en las identidades masculina y femenina que ha servido de soporte y ha cimentado el ejercicio del poder por parte de los varones y el sometimiento por parte de las mujeres.

Solo en el marco de tal tipo de relaciones e identidades puede comprenderse una forma de vinculación/dependencia como la que se produce entre el maltratador y su víctima, en que la mujer es considerada como una propiedad exclusiva de su hombre, a cuyo único servicio psicológico e instrumental –estar a su completa disposición como una madre- debe dedicar su existencia.

Cuanto más precaria y frágil es la identidad del varón, más riesgo existe de que pretenda de la mujer esa posición de sometimiento para proveerle de la seguridad y sensación de potencia de las que él internamente carece. Igualmente, cuanto más carente está la mujer de una autovaloración (por falta de afecto/exceso de exigencias en la infancia, por haber presenciado o sido víctima de maltrato...) más posibilidades de que se someta a las demandas del maltratador, en busca de una aprobación/amor que necesita de modo acuciante.

Pero la tradicional posición subordinada femenina y la imagen tradicional de la mujer-madre está siendo cuestionada por muchas mujeres, lo que implica un proceso de cambio que está afectando a la configuración de su propia identidad y a su posicionamiento en la pareja, la familia, la sociedad. Y, por tanto, a la identidad/seguridad del varón, su posición familiar y social.

Algunos hombres no pueden tolerar la frustración que les genera vivir que la mujer no pueda/se niegue a estar a su servicio exclusivo o a responder a sus demandas. Por ello ciertas experiencias en la vida de pareja constituyen especiales momentos de riesgo. Entre ellas cabe destacar el embarazo o el nacimiento de un hijo (porque el hombre se siente postergado): entre el 15 y 25% de las mujeres embarazadas son maltratadas y las investigaciones destacan que entre el 50 y el 70% del los hombres que maltratan a sus mujeres también lo hacen a sus hijos e hijas. Igualmente estudios demuestran que las mujeres que viven con un hombre que las maltrata pegan a sus hijos 8 veces más que las demás madres. Es decir, se produce una violencia en cadena, que convierte a l@s niñ@s en el eslabón último de la misma y, en tantos casos, les hace a ést@s devenir futuros varones violentos y mujeres nuevamente víctimas, esta vez de sus parejas.

Otro momento de riesgo muy grave es cuando se producen manifestaciones de cambio por parte de la mujer, que desencadenan un proceso de separación. No casualmente la mayoría de los homicidios se producen en tal circunstancia o cuando ya la mujer se ha separado, es decir, cuando el varón teme perder o ha perdido la seguridad que la mujer le deparaba.

Estamos, por tanto, tratando una cuestión muy compleja que tiene ramificaciones/consecuencias en diversos ámbitos públicos y exige actuaciones en cada uno de ellos:

  • el educacional: la conformación de nuevos valores e identidades masculinas y femeninas. La preparación para la maternidad y la paternidad debe constituir un objetivo fundamental en esta área.
  • el sanitario: la detección del maltrato, el tratamiento psicológico de la mujer y del hombre susceptible de recibirlo. Asimismo la detección del maltrato infantil constituye otro importante objetivo, por la gravedad misma del problema en sí y porque puede conducir a descubrir la violencia sobre la madre, y viceversa.
  • el policial/judicial: la protección de la víctima y el alejamiento/castigo del maltratador, en especial de los más peligrosos (los psicópatas)
  • los derechos sociales: la provisión de infraestructuras y ayudas económicas, de habitat, de formación/búsqueda de empleo para asegurar una vida autónoma a las mujeres que carecen de recursos...
El ingente número de mujeres que sufren violencia -en muchos casos nunca “visibilizada”, con porcentajes en torno al 20-25% de mujeres en todo el mundo-, así como el aumento creciente de las denuncias (Canarias ocupa el quinto puesto a nivel de todo el Estado en cifras absolutas) y de muertes que se están produciendo constituyen la evidencia más clara de que no ha existido hasta el momento un compromiso claro de los poderes públicos con esta problemática.

Incluso las reformas normativas dictadas por el actual Gobierno constituyen papel mojado, como el propio Consejo General del Poder Judicial acaba de denunciar, en la medida en que no se provee de recursos para hacer viable la entrada en vigor de la Ley, ni se dota de medios a fin de prevenir y afrontar en profundidad el conjunto de los factores intervinientes en esta compleja materia.

Como en tantas cuestiones más, relacionadas con un cambio en la situación de las mujeres, se está haciendo una política de “escaparate”. Sólo una concienciación y movilización social conseguirán que la publicidad devenga en una actuación política seria.

Espero que este texto contribuya en algo a ello. Y a tal fin organizaremos también en nuestra Universidad un Seminario sobre Violencia de género y Salud, que tendrá lugar en el mes de Noviembre.

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