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Nº7
Febrero 2004
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
EL TEATRO PÉREZ GALDÓS, ¿AGONIZA?

Juan Carlos Rodríguez Acosta, Profesor Titular de la Escuela T. Superior de Arquitectura

El envejecimiento de los edificios, al igual que todo, incluso el ser humano, es algo que está fuera de discusión. El paso del tiempo tiene efectos revalorizadores en muchas obras del ser humano, pero, desde luego, no en todas. Las obras de arte en general, con el paso del tiempo, se van revalorizando, no obstante, necesitan un adecuado mantenimiento para su conservación, e incluso, muchas de las veces, intervenciones de expertos para su restauración, a fin de preservarlas para las generaciones venideras. Es nuestra obligación disfrutar y transmitir lo mucho y bueno que nos han legado las culturas que nos han precedido.

La arquitectura es una de las realizaciones más expuestas al deterioro. Las catástrofes naturales, la climatología, la polución y, sobre todo, el ser humano, son, entre otros, una amenaza constante del deterioro e incluso de su destrucción. Nuestro Centro Histórico es ejemplo palpable de cuanto afirmamos.

El Teatro Pérez Galdós lleva demasiado tiempo cerrado, y su deterioro va aumentando día a día. La desidia o la aplicación rigurosa de una normativa la mayor de las veces poco racional, carente de criterios científicos y, no pocas de las veces, copiadas de otros entornos, nos ha conducido a la deplorable situación actual. La rehabilitación, ampliación y utilidad son pilares básicos para el futuro de nuestro Teatro. No debemos, o al menos eso pienso, conservar por conservar a pesar de todo; si no conseguimos armonizar la protección con la utilidad funcional, entraríamos inexorablemente en un incremento del proceso de deterioro.

Corría el año 1988 cuando a mi querido amigo, humanista e insigne profesor de la Escuela de Arquitectura Sergio T. Pérez Parrilla, desgraciadamente desaparecido, le encargan la intervención en nuestro primer Coliseo, a fin de que el edificio cumpliera mínimamente con las medidas de seguridad y evacuación, así como dignificar el foso de la orquesta, los camerinos y vestuarios, fundamentalmente.

La visita a Las Palmas de Gran Canaria de uno de los mejores especialistas europeos en acústica de teatros, el Sr. Kramer, ya fallecido, con motivo del estudio acústico del Auditorio que sería construido en la Puntilla de la playa de Las Canteras, ofrece la oportunidad a Sergio T. de invitarle a visitar el Teatro con el fin de exponerle el encargo que en esos momentos estaba realizando. Después de un minucioso recorrido por el recinto, acompañados de la inolvidable Sylvia Perdomo, que además de su gran afición y conocimientos musicales, realizó el papel de intérprete por su dominio del alemán.

El maestro sentencia: la acústica es sencillamente magnífica, las butacas estropeadas deben ser reparadas tanto en su estructura de madera como el cuero y todas ellas debidamente ajustadas a fin de evitar ruidos indeseables. No se te ocurra cambiarlas. Si deberías colocar butacas similares en Paraíso y General, pues el graderío existente es tercermundista. Sergio T. escuchó del Sr. Kramer lo que todos ya sabíamos y, naturalmente, así actuó en relación al interior de la sala.

Criticada fue su actuación en el exterior, en relación con los dos módulos que aparecen retranqueados en la fachada principal. Lo que ignoraban sus críticos era que obedecían a las obligatorias escaleras de evacuación, ubicadas precisamente en el mejor sitio posible y en el menos impactante. El Teatro necesita urgentemente su rehabilitación y ampliación, no puede esperar más. Cada día que pasa se acelera su deterioro y, por qué no decirlo, su muerte. Es patrimonio de todos, y unos más que otros responsables de ello.

No conozco en profundidad el proyecto del compañero José Luis Rodríguez-Noriega Vizcaíno, que ganó el concurso de rehabilitación. A grandes rasgos su intervención se centra desde la boca del escenario hacia atrás, ampliando sus actuales límites. A nivel conceptual mi opinión es favorable, pues, parece ser, no se interviene en la sala, lo que garantiza la actual acústica, y su ampliación huye de mimetismos y reproducciones de lo existente. Esto es digno de destacar.

Ya está bien de reproducir arquitecturas de otras épocas, de conservar primeras crujías, de mantener fachadas y en el interior todo vale. No nos engañemos a nosotros mismos ni a nuestra juventud, a los que nos visitan , a las futuras generaciones, en definitiva, no desvirtuemos la Historia.

No sigamos destruyendo nuestro, cada día, más escaso patrimonio, imponiendo cánones estéticos de épocas pasadas. Aplicando las actuales normativas de Patrimonio Histórico en épocas pretéritas, no tendríamos, por ejemplo el diálogo arquitectónico entre la ermita de San Telmo, el Gobierno Militar, el Quiosco Norte, el de la Prensa y el edificio del actual Hotel Parque.

Parecería que es eso precisamente lo que no se persigue, pues bien, que lo expresen claramente. Mientras tanto nuestro Teatro agoniza al igual que nuestro Centro Histórico. Si lo siguen haciendo, lo van a conseguir, quedándonos con un casco antiguo de fachadismo de cartón piedra a modo de decorado urbano. ¡Qué triste!

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