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Nº4
Noviembre 2003
El BAZAR DE LOS ANUNCIOS
Opinamos sobre
El unilateralismo político en las relaciones de Occidente con Oriente Medio y el Mundo Árabe, una consecuencia del 11 de Septiembre

Lourdes Urbaneja Clerch, Profesora titular de escuela universitaria. Departamento de Psicología y Sociología de la ULPGC

Tras el once de Septiembre de 2001, se han producido una serie de cambios en las relaciones internacionales que afectan de manera directa a Oriente Medio y al mundo árabe en general en sus relaciones con el mundo occidental. La nueva etapa política, vino precedida de otra, cuya tendencia se inicia con una serie de ataques llevados a cabo por Estados Unidos contra varios países del Norte de África y de Oriente Medio. Entre esas intervenciones militares cabe recordar la emprendida contra Libia en 1986 acusada de proteger terroristas, el bombardeo de una fábrica de productos farmacéuticos en Sudán en 1998, bajo la sospecha de que se elaboraban armas químicas, y el primer ataque a Irak en la Guerra del Golfo en 1991.

A la caída de las Torres Gemelas, sucedió de forma inmediata el ataque a Afganistán en Octubre de 2001, que fue legitimado invocando la legítima defensa reconocida en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. En el plano regional, apelaron al artículo 5º del Tratado de Washington de Asistencia Recíproca. En nombre de la lucha antiterrorista, Estados Unidos se estableció en una región poseedora de inmensas reservas inexploradas de gas natural, que ha sido objeto de conflicto entre las grandes potencias en el pasado reciente.

El ataque a Irak en marzo de 2003, año y medio después, realizado al margen de la legalidad internacional, consolidó la posición de Estados Unidos como la primera potencia militar del mundo. Los gobiernos europeos, aunque pregonan una posición independiente, han terminado por plegarse a la posición norteamericana dando una muestra inequívoca de supeditación al unilateralismo político de Washington en las relaciones internacionales.

La ocupación de Irak fue bendecida a posteriori por la resolución 1483 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de 22 de mayo de 2003. Esta resolución reconoce que Estados Unidos y Gran Bretaña detentan la autoridad para administrar el futuro de Irak, echando por tierra su oposición previa a la invasión anglo-estadounidense, lo que ha significado hacerse con el control de un país que posee el 10% de las reservas mundiales de petróleo. La vecina Arabia Saudí, que tiene las reservas más importantes del mundo, el 26%, no representa un peligro ya que su petróleo está en manos de las compañías norteamericanas. Por otra parte, la eliminación del régimen de Sadam Hussein, que históricamente se había enfrentado al proyecto del Estado sionista, ha reforzado notablemente la posición de Israel en Oriente Medio.

Otro signo de la nueva etapa es la reaparición del concepto guerra preventiva como instrumento de la política exterior, término que la consejera de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Condolezza Rice, utilizó en septiembre de 2002 en su comparecencia ante el Congreso norteamericano que autorizó el uso de la fuerza por ese país en la crisis de Irak. Este concepto junto a la lucha antiterrorista, justifica la guerra y ocupación de Irak, la política de asesinatos selectivos contra dirigentes palestinos practicada por Ariel Sharon, así como los bombardeos contra Siria, acusada de dar cobijo a seguidores de la Yihad, o la construcción de un muro en Cisjordania que penetra en territorio palestino.

La opinión pública norteamericana, todavía convencida de que el responsable del ataque a las Torres Gemelas fue Sadam Hussein, parece incapaz de preguntarse qué ha hecho ese país para provocar acontecimientos tan macabros como los ocurridos el once de septiembre. Entre tanto, el ascenso del islamismo, que resurgió al calor del fracaso de los nacionalismos laicos en varios países árabes, cada día cobra mayor fuerza, yendo más allá de un fenómeno cultural de rechazo a los modelos occidentales para convertirse en una opción política.

En medio de todo este caos aparentemente programado, la aplicación de soluciones pacíficas al conflicto israelo-palestino está ausente en la agenda internacional. El último plan de paz para la zona, la “Hoja de Ruta” propuesto por Naciones Unidas, Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, contempla para el 2005 la posibilidad de que los palestinos dispongan de un Estado propio. Sin embargo, la aplicación del plan de paz hace aguas por todos sitios, los tanques de Ariel Sharon que se mueven con el beneplácito norteamericano entierran una y otra vez las posibilidades reales de soluciones pacíficas en la región. El unilateralismo político impuesto por Estados Unidos en las relaciones internacionales, constituye un obstáculo adicional a las ya difíciles relaciones entre Occidente y sus vecinos árabes.

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