Manuel Sánchez Artiles, Director de Acceso del Vicerrectorado de Estudiantes de la ULPGC
La “selectividad” es de nuevo noticia. En efecto, y lo es, no porque en estos momentos acaba de celebrarse las pruebas y estemos en pleno periodo de reclamación de exámenes de la convocatoria de septiembre: la razón vuelve a ser, como siempre, de tipo político-social, ante el anuncio reformista de las autoridades educativas del gobierno central.
Cada cambio político importante nos lleva inexorablemente al replanteo del tema del acceso a la Universidad; en cada etapa reformista se le da un nuevo retoque al sistema, no siempre acertado; pero nadie, digo nadie, se ha atrevido a eliminar el sistema de selección. ¿Será que es necesario que exista? A mí no me cabe la menor duda, pero solo es mi modesta opinión.
Desde el antiquísimo Plan 1939, con aquel Bachillerato de 7 años tan ambicioso, al final del cual existía el “examen de grado”, primera verdadera selectividad, pasando por el Plan 1957, que introdujo el Curso Preuniversitario (quizás el modelo más genuino y propio de formación para la universidad, y lo digo con conocimiento de causa, porque fue el que yo mismo sufrí), seguido del sistema que impuso el Curso de Orientación Universitaria, que nació con muy buenas intenciones y acabó convirtiéndose con el tiempo en un curso más de bachillerato, hasta el modelo actual de la P.A.U. ( Pruebas de Acceso a la Universidad) para el Bachiller LOGSE, todos los sistemas han conservado una prueba selectiva con participación de las instancias universitarias, no siempre igual en su planteamiento, pero sí en sus intenciones finales: - servir de “ filtro” para que a la universidad, nivel educativo no obligatorio, lleguen los más cualificados; - servir de “superfiltro”, para que el sistema de acceso a determinadas titulaciones con “numerus clausus” sea lo más justo posible;- servir de fórmula reguladora, para que las posibles diferencias de criterios de calificación en los distintos centros de secundaria, públicos y privados, se equilibren y ponga a cada cual en su justo lugar y no hayan desigualdades.
Digamos que todo lo demás es, quizás, “negociable”: desde la dependencia casi exclusiva de la universidad, hasta la corresponsabilidad entre los niveles secundario y universitario; desde los contenidos masivos que comprenden materias ubicadas en varios cursos, hasta contenidos localizados solo en el último curso de secundaria; desde la ignorancia total del historial académico del alumno, hasta la posibilidad de constituir un peso, superior si cabe, al de la nota de la prueba; desde la valoración igualitaria para todas las materias, a la valoración ponderada de unas frente a otras, en función del área o titulación a la que se pretenda acceder..........
La ULPGC, universidad joven y con criterios abiertos, ha sido siempre una institución muy sensible a este tema; fruto de esta preocupación fue la organización en febrero de 2003 de las “ Iª Jornadas de reflexión y debate sobre las Pruebas de Acceso a la Universidad”, evento que contó con la asistencia y participación activa de representantes de las administraciones central y autonómica de profesorado de universidad y de secundaria, y que trascendió las fronteras de las islas . La oportunidad de tales jornadas estaba más que justificada: el gobierno central del PP estaba estudiando la “ley de calidad”, la implantación de la Prueba General de Bachillerato y un nuevo retoque en el sistema de acceso a la universidad, y se pensaba que estas reflexiones pudieran ser útiles en el proceso; pero sirvió de poco: la decisión política estaba ya prácticamente tomada y la vinculación entre ambos niveles educativos, secundario y universitario, que tanto trabajo había costado conseguir y tan buenos frutos estaba dando, sufría una seria amenaza de irse al traste; en Canarias ese hecho era aún más sangrante, pues detrás estaba el desgaste de todo tipo que supuso el logro del Distrito Único.
Pero las esperanzas vuelven a renacer: el gobierno central vuelve a abordar el tema del acceso a la universidad. ¿Conseguiremos entre todos, por esta vez, la fórmula mágica que buscamos, donde la sociedad acepte como mal necesario un sistema justo y equilibrado de acceso a los estudios superiores con el que todos nos encontremos identificados y no presente estridencias notables con los sistemas de nuestros socios comunitarios?
1 Puede consultarse al respecto la publicación que, a manera de ACTAS, ha publicado recientemente el Servicio de Publicaciones de la ULPGC bajo el título de “ Iª Jornadas de reflexión y debate sobre las Pruebas de Acceso a la Universidad “ coordinadas por Luis Mazorra Manrique de Lara, Rafael Robaina Romero y el que les escribe estas modestas opiniones.